by Aroa Rocher Gerpe

La Fundación Mapfre dedica una sala al artista catalán en la que expone de forma permanente algunas de sus obras más importantes de su última etapa. La muestra trae consigo cinco estructuras del artista Alexander Calder que hacen la combinación perfecta para empaparse del arte surrealista que nacía el siglo pasado.

“Las obras deben ser concebidas con fuego en el alma, pero ejecutadas con frialdad clínica.”



Para la visita, decido ir un lunes por la mañana para evitar mucha afluencia de gente, y es un acierto. El Espacio Miró se encuentra en pleno paseo de Recoletos en la capital madrileña y, nada más entrar, veo que en el mismo edificio se encuentran otras exposiciones que poder disfrutar. La sala es pequeña, blanca y con buena iluminación, incluso más que en otras, pero que más tarde entiendo que es porque todos los detalles de las obras expuestas lo requieren.

Su estilo siempre me había cautivado, y sabía que tenía que aprovechar la oportunidad para escribir sobre él. Joan Miró (Barcelona, 1893- Palma de Mallorca, 1983), fue un pintor de contrastes. Muy arraigado a sus raíces y tradiciones catalanas, pero a la vez con un gran espíritu innovador, influyente y crítico. En sus obras, exhibe su mundo interior, lleno de fantasía, figuras geométricas y colores primarios unidos a potentes y gruesos trazos negros. La fantasía, el subconsciente y los sueños son varios de los temas que más utiliza el artista en sus pinturas. Las composiciones se caracterizan generalmente por ser abstractas pero con mucha definición en sus pinceladas, además de introducir caligrafía oriental. Estas características hacen que, personalmente, vea muchas similitudes con Salvador Dalí, pintor con el que compartió generación y movimiento artístico.

Sus primeras obras tienen grandes influencias posimpresionistas y cubistas de pintores como Vincent van Gogh, Pablo Picasso y Paul Cézanne. Aunque también podemos encontrar el influjo del pintor renacentista El Bosco. En estos años, aún no evidenciaba el estilo etéreo que le determinará. Se dedicaba a dibujar paisajes rústicos, con cierta presencia del mar, iglesias y pueblos. El viaje que realiza en 1919 a París hará que descubra su lenguaje artístico debido a las grandes influencias de escritores y artistas surrealistas que allí encuentra. De esta forma, combina la poesía y el arte y así encuentra su hueco en la pintura, diferenciándose de los demás.
La diversidad de colores, formas y las grandes dimensiones que poseen las obras que se encuentran en la muestra te seducen y hacen que no puedas dejar de mirarlas. También observo que la sala está dividida en diferentes espacios donde se agrupan obras con conceptos similares. Todas las partes parecen ser diferentes épocas artísticas del pintor, pero resultan pertenecer a la misma, ubicadas en las décadas de los 60 y 70. Esta es la última etapa del artista.

“Pintura (Para David Fernández Miró)” (“Peinture (Per a David Ferández Miró)”) (1965). Foto: Aroa Rocher

Tras unos minutos que dedico a visualizar cada uno de los cuadros, me detengo en la primera sección El signo y el gesto. Rápidamente me fijo en Personaje y pájaros delante del sol” (“Personnage et oiseaux devant le soleil”) (1976) y “Personaje delante de la luna” (“Personnage devant la lune”) (1976). Al estar expuestas seguidas y haber sido pintadas en el mismo año hace que me pregunten si son algún tipo de serie, ya que la segunda obra parece la continuación de la primera. La composición cromática es muy similar, al tener gran predominio los colores azules y rojos. El negro delinea prácticamente todas las formas de las figuras y, en ciertas partes, se encuentra difuminado creando cierta sensación de suciedad y poca precisión. La firma del autor aparece escrita en mitad de la tela en ambos cuadros. Otro ejemplo de “serie de obras” que me encuentro es “Paisaje animado” (“Paysage animé”) (1973), cuya particularidad es que están expuestas con el lienzo al aire, sin bastidor.

En esta parte de la habitación, he comprobado cómo se repetían diferentes elementos y figuras como los pájaros, los paisajes animados y el sol y la luna. Sin embargo, hay una obra que rompe esta secuencia. Se trata de “Mujer española” (“Femme espagnole”) (1972). En ella, se puede ver cómo el desorden y el caos que así expresa la explosión y el fundir de los colores conviven con la precisión de los trazos rojos y negros que, de nuevo, se imponen con gran determinación.

A la izquierda, "Personaje y pájaros delante del sol(“Personnage et oiseaux devant le soleil”) (1976); a la derecha, “Personaje delante de la luna” (“Personnage devant la lune”) (1976). Fotografías: Aroa Rocher



Continuando con mi visita, paso al ala Mujeres, pájaros y estrellas. Su nombre ya me da indicios de lo que voy a encontrarme, que no es otra cosa que una muestra de otra forma de representación de estos componentes tan concurridos. En las obras “Tres bolas” (“Trois boules”) (1972) y “Después de las constelaciones” (“Après les constellations”) (1941-1976) percibo cómo los negros imperan en la obra, comiendo espacio a los colores vivos e intensos y tornándose a grises. El difuminado también es más evidente que en otras obras.

El resto de obras que forman este espacio son bastante similares entre sí, donde Miró tiñe las figuras principales en negro y, alrededor de ellas, juega con los colores cromáticos. Se podría pensar que utiliza estos colores de forma aleatoria, pero lo realiza con un gran gusto y minuciosidad que combinan a la perfección, aunque aparezcan en trazos imperfectos y gruesos.

Pasaba ahora a la sección Las cabezas. Y no me esperaba lo que me iba a encontrar ya que, tras haber visto las anteriores, esta sin duda es la que más me ha llamado la atención. En mi opinión, aquí se encuentra la plenitud del subconsciente y la fantasía. Los títulos de las obras no destacan, ya que no hay mucha novedad de algunos de los que he hablado anteriormente, como “Personaje” (“Personnage”) (1977). Lo que de verdad sobresale de estas composiciones es como se han perfeccionado y depurado sus siluetas, que reproducen a animales o seres extraños. La incorporación de personajes fantásticos en esta época seguro que dio mucho que hablar en el panorama artístico. 

Pero el sueño no había terminado, porque me tenía que pasar por Desafío a la pintura, la siguiente parada. En ella encuentro una continuación de Las cabezas por el aire fresco y renovador que me transmite. Sin embargo, nada más que empiezas a observar las composiciones, te das cuenta que no tiene nada de semejanza a su antecesora en cuanto a expresión gráfica. Las obras recogen en su colectivo una mezcla de sus primeros años cuando comenzara a pintar, con muchas de sus influencias.

A su vez, agrega todos los nuevos conceptos que ha reunido de su estilo surrealista actual. Con esta suma nos encontramos cuadros como “Personaje en un paisaje cerca del pueblo” (“Personnage dans un paysage près du village”) (1965). En él, encontramos un precioso paisaje perfectamente definido y real en el fondo, mientras que encima aparece dibujado una figura de un ser imaginario. Esto representa un gran contraste entre lo real y lo fantástico, una dualidad entre la armonía del fondo y la disonancia de su elemento principal.

"Caballos ahuyentados por un pájaro” (“Chevaus mis en fuite par un oiseaux”) (1976). Foto: Clarapecu.wordpress

Otra de las obras que más me llama la atención es “Caballos ahuyentados por un pájaro” (“Chevaus mis en fuite par unoiseaux”) (1976), donde aparece un paisaje con caballos blancos y encima trazos rojos definiendo la dirección de los animales. También aparece otra obra donde el ya característico paisaje del fondo está al revés.

Sobre este tipo de cuadros, en 1972 Miró afirmó querer “asesinar la pintura” y desarrollar la “antipintura”, donde declaró lo siguiente:

“Es una revuelta contra un estado mental y contra unas técnicas pictóricas tradicionales que más tarde fueron juzgadas como moralmente injustificables. También fue intento de expresarme a través de materiales nuevos: cortezas, telas, fibras, colecciones de objetos, collages”.


Para el final de mi excursión, me he dejado el espacio que comparte Miró con su compañero y colaborador Alexander Calder. El escultor de origen estadounidense conoció a Miró en 1928 en París, y más tarde añadiría al pintor catalán a sus obras, como el “Retrato de Joan Miró” (1930). Esta figura está creada en alambre, y tal y como aparece expuesta, va girando sobre sí misma. Ahí puedes observar diferentes perspectivas de la escultura y cómo proyecta las sombras.

Justo arriba de la estancia, aparece colgada otra escultura de Calder que regaló a su amigo Miró, se trata de “Polígonos negros” (1947), realizada con alambres y metal pintado en negro. El conjunto de Miró y Calder no puede ser más impecable y correcto, ya que se puede apreciar como Calder transforma las pinturas de Miró en composiciones de tres dimensiones que cobran vida.

Como cierre de mi paseo por la obra de este pintor, solo puedo recomendaros que si os gusta el arte y los planes de salidas a museos y exposiciones, no os podéis perder esta muestra de uno de los pintores más influyentes del s.XX: Joan Miró i Ferrà.





Datos de interés:










Fundación Mapfre. Sala de Exposiciones.
Paseo de Recoletos, 23.
28004, Madrid.

Teléfono de contacto: 915 816 100
Abierto todos los días.
Horario:
Lunes: 14.00- 20.00 h.
De martes a sábados: 10.00- 20.00 h.
Domingos y festivos: 11.00- 19.00 h.

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