Almudena
Barbero Marí es la propietaria de una de las farmacias con mayor historia del
Paseo de la Habana de Madrid. Más de 40 años al frente del local que lleva su
nombre, y con dos compañeras, que considera como su familia, afirma que
consiguieron llevar de la mejor forma los meses de confinamiento, ayudando a
todos los vecinos de avanzada edad que viven en los alrededores.
El sector farmacéutico ha sido uno de los más golpeados durante la pandemia de la COVID-19. Ahora, con las medidas de seguridad garantizadas para los trabajadores y clientes, intentan seguir adelante.
La
actual dueña de la farmacia que hoy visitamos es la 2ª generación dentro de su
familia en hacerse cargo de la pequeña empresa. Al ser la mayor de 4 hermanos Almudena
Barbero, su abuela paterna, se dedicó a enseñarle todas las tareas desde muy
pequeña, y así su nieta continuó su formación hasta llegar a convertirse en una
ciudadana muy querida y conocida dentro de su vecindario.
Con más de 75 años de historia, la farmacia Almudena Barbero Marí ofrece un trato personalizado a cada cliente, acorde con sus necesidades. Están especializados en nutrición, dietética, salud y belleza y dermocosmética. En su establecimiento, ofrecen servicios como toma de tensión, presión arterial, cálculo de peso y longitud, productos para el cuidado y alimentación de bebés, capilares, solares y dermofarmacia, entre otros. La confianza es uno de sus pilares más importantes, y es una cualidad que han sabido transmitir al público, por lo que cuentan con una cartera de clientes fieles que siempre recurren a ella.
Sin embargo, en los primeros meses de confinamiento por la pandemia de la COVID-19, al no establecerse ninguna medida de seguridad, Almudena cuenta cómo ha tenido que enfrentarse a clientes problemáticos, que se negaban a respetar las marcas de seguridad y ponían en peligro la salud de sus compañeras y la suya propia. Por ello, han tenido que ampliar el horario de trabajo para hacer labores de desinfección durante la mañana, el mediodía y la tarde, pero manteniendo los puestos de trabajo de su equipo: “Hemos modificado nuestros hábitos, y ya no solemos trabajar juntas en el mismo horario. Aún así, no me planteo despedir a ninguna de mis compañeras”.
“El sector farmacéutico ha sido uno de los más golpeados este año con el coronavirus. Nos hemos sentido abandonados y sin un soporte ante el abismo que venía por delante”, afirma Almudena, que junto a sus dos compañeras no han dejado de trabajar y dar lo mejor de sí mismas para sus vecinos que tantos años llevan confiando en cada una de ellas. “La confianza y los buenos modales son la clave para seguir adelante en esta farmacia”.


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